Hay algo mágico en el sonido de la leña crujiendo, el aroma a pino fresco y esa sensación térmica que solo la madera puede ofrecer. En Uruguay, la inclinación de las cabañas de madera ha dejado de ser una simple opción de alojamiento económico para transformarse en un símbolo de modo de vida sostenible, confort y reconexión con el entorno